08 octubre, 2009

Donde sea que estés, sigues siendo mi amigo.



Hoy desperté y sentí que algo me hacía falta. Era una sensación de vacío que no había sentido antes. Dí un salto de la cama y avancé hacía el espejo del tocador. En mi rostro vi el paso del tiempo. Al recordar momentos de mi vida, buenos y malos, dulces y amargos, llegué a pensar que era la falta juventud que me hacía sentirme así. Avancé hacia el baño. Lavé mi rostro. Levanté la mirada y en el pequeño espejo colgado frente a mí, lo vi. Era la respuesta. En aquellos momentos había gente a mi lado. Mi familia, mis amantes, mis amigos… Mis amigos…

¿Hace cuanto que no veo a mi mejor amigo? De pronto, me asaltó el recuerdo de un sueño que tuve la noche que había terminado hace unas cuantas horas. Ahí estaba él. Había soñado que pasábamos un fin de semana juntos como solíamos hacerlo hace mucho tiempo. Recordé las historias de miedo por las noches, las aventuras por las calles, los chistes simples de los cuales solo nosotros podríamos reírnos, la convivencia entre nuestras familias, el mar… Sí, recuerdo el mar. Ese mar que con su canto invita a uno a deshacerse de la vida y unirse a él en un eterno va y ven entre sus olas llenas de magia.

Aquel amigo se interpuso entre el llamado del mar y yo. De no ser por él, mi alma estaría jugando ahora entre la espuma blanca con sabor a sal; sal que también contienen las lágrimas; lágrimas que mi madre hubiera derramado por mí al quedarse en soledad; soledad con la que ahora me llevo de maravilla.

Me llené de nostalgia al pensar en el tiempo que tengo sin verlo, al pensar en todas las aventuras que me he perdido sin él. Su hijo estará ahora ya más grande y a su hija ni siquiera la conozco.

Tengo mucho tiempo sin verlo ni saber de él, pero le sigo guardando un trozo en mi corazón. Estoy seguro que él también recuerda aquellos momentos, a pesar del tiempo y la distancia, siempre será mi amigo. Pero les aseguro que, la próxima vez que lo vea frente a frente, después de darle un gran abrazo le diré: “Gracias, simplemente gracias”.

03 octubre, 2009

La cola del gato.

Un gato cachorro trataba de atrapar su propia cola. Un gato adulto lo observaba desde lejos. El gato adulto se acerca al cachorro y le pregunta: "¿Por qué haces eso?". El cachorro se detiene por un momento y le explica al gato adulto: "Por que trato de alcanzar la felicidad y me dí cuenta de que mi cola ES la felicidad."

El gato adulto se sienta junto a él y comenta: "Yo también me dí cuenta de que mi cola es la felicidad. Pero también me dí cuenta de que cuando trato de alcanzarla se escapa. Pero cuando hago lo que tengo que hacer, ella viene detrás de mí todo el tiempo."

-Cuento hindú-

Adaptación: Abraham Monroy